Esa racha de apuestas consecutivas no duró mucho. Esa sensación de sentirme el puto amo, el Dios de las apuestas, no duró mucho. 

Lo ridículo es que esa sensación ya la tuve hace tiempo e iluso de mi pensaba que esta vez era de verdad, siempre pensaba que esta vez era de verdad. No paraba de engañarme, de decir «venga va, apuesto el 20% de mi salario esta vez y no más, no puedo permitirme apostar más, es como una inversión, si acierto bien, si fallo, hasta el siguiente mes nada».

 

El único estúpido era yo.

 
 
El único estúpido era yo.

 
El único estúpido eres tú. Si sigues apostando pensando que vas a sacar beneficio.

 
Cada día era igual. Cada día era una batalla mental para no apostar. No me quedaba mucho dinero por entonces, intentaba gastarmelo en comida, para «gastarmelo» al menos en alto que no sean en apuestas deportivas. Pero no pasó.

 
Estuve días sin poder comprar comida. Estuve días alimentándome de una caja de cereales que me duró tres días. Deseaba llegar al trabajo porque allí había una máquina gratuita que podías echarte tantas veces quisieras café, chocolate caliente, o simplemente leche caliente. Me atiborraba, era mi mayor fuente de alimentación durante esos días. Era muy triste pero no tenia para comer. 

Estuve a punto de hablarle a mi familia, a mi madre, para que me hiciera una transferencia y poder subsistir, ¿pero que le iba a decir? Mamá mira, soy ludópata y realmente estoy en otro país para intentar salir de la rutina que tenía e intentar dejar de apostar, pero no ha servido de nada y he vuelto a recaer, llevo tres días alimentandome de una caja de cereales y de las «bebidas» gratis en el trabajo.
0